Acerca del tiempo…
Carpe Diem: avanza en tus proyectos personales mientras mantienes tus pies en el presente.
💬 Esta semana no he pensado en otra cosa sino en los cambios y en el tiempo, en el tiempo y nuevamente en los cambios.
🤔 Hoy me pregunto por qué algunas cosas cuestan mucho más de lo normal.
🎧 Canción de la semana: Carry You Home, de James Blunt.
🗓️ ¡Feliz lunes!
Hoy pensé en escribir sin un orden en particular. Hacer una pequeña pausa en medio de lo que ya tenía pensado publicar y compartir con Uds, y dedicarme a poner en papel lo que se encuentra ahora mismo en mi cabeza.
Carpe Diem ha permanecido en silencio por un par de semanas. Y esta elección la hice adrede. Hay cosas de las que debemos desprendernos, al menos por un rato.
Existen retos, compromisos, responsabilidades.
Existen miedos, tareas, presiones.
Existen incluso objetivos que queremos alcanzar y de los que no dejamos de hablar, porque los deseamos, los anhelamos.
Pero hasta de esto hay que tomarnos un respiro.
La vida va mucho más allá de esta serie de cosas que hacen parte de nuestro día a día: los trabajos, las reuniones, la rutina. Lo que pasa es que la mayoría de las ocasiones ni siquiera nos damos cuenta de la rapidez en la que avanza el tiempo, y no nos detenemos.
Y últimamente he sido más consciente de eso… de las horas gastadas en actividades que no llenan, de los días que pasan tan veloces que nos sorprendemos cuando caemos en cuenta de la fecha, de los meses que ya han transcurrido del año.
Por eso sentía que debía desconectarme.
Por eso siento que todos nos debemos esos espacios de desconexión: porque se convierten en la única forma que existe a través de la cual podemos tener muy presente quiénes somos en realidad. Y vivir de esa manera.
Fieles a nuestra identidad.
Fieles a nuestras prioridades.
¿A quién carajos le importa lo que otros piensen al respecto? ¿Por qué buscamos un estándar de vida basado en el estándar de otros?
Pero son las respuestas a estas preguntas las que nos mantienen atados a una rutina que, en el fondo, ya ha perdido sentido. Nos hacen decir “en otro momento”. Nos condicionan a quedarnos haciendo algo que ya no queremos hacer. Y en últimas, nos obligan a aplazar sin tener la más mínima idea de hasta cuándo.
El 17 de marzo cumplí 36 años. ¡36! Y no he podido dejar de pensar en que no me siento de 36. A decir verdad, no he percibido la cantidad de años que he vivido hasta ahora. El día de mi cumpleaños es un buen ejemplo de ello.
Trabajé sin parar desde las 7am hasta las 5pm, recogí a mi esposa a eso de las 5:30pm, salimos al restaurante aproximadamente a las 6:45pm, llegamos pasadas las 7pm, y compartí con familia y amigos hasta tal vez las 11pm. Recuerdo haber llegado a casa, acostarme sobre la cama, y con la mirada hacia arriba pensar “este día pasó demasiado rápido”.
Siendo honesto, fue un día muy afortunado. Muchas felicitaciones, muchos mensajes, muchísimos pequeños gestos de aprecio. Lo cual, no puedo ocultarlo, me alegraron. Ni hablar de mis amigos cercanos, mi familia y mi esposa. Juro que hasta Benji, mi perro, se levantó más temprano esa mañana para subirse en la cama y felicitarme con su lengua en mi cara.
Cuando pienso en todos estos pequeños pero enormes detalles, me siento feliz. No obstante, siendo brutalmente honesto, no era cómo hubiera deseado pasar el día. Al menos, desearía que no hubiera pasado tan rápido.
👉🏻 Haber reído un poco más…
👉🏻 Haber hecho estupideces un poco más…
👉🏻 Haber sido consciente del momento que estaba viviendo un poco más…
👉🏻 Haber hecho algo que disfrutaba un poco más…
Y esa sensación, estoy seguro, perdura hasta ahora.
Cuando mis amigos se fueron despidiendo de la cena y fui cayendo en cuenta de que ya el día iba llegando a su fin, me invadió una sensación que por muchísimo tiempo no sentía. Me invadió la sensación de que había desperdiciado el tiempo. Era como si en las últimas 24 horas me hubiera dedicado a contemplar desde la ventana, en la distancia, y ver cómo se desenvolvían los eventos frente a mis ojos de manera que no podía hacer mucho al respecto.
Y luego un pensamiento se fue asomando ligeramente hasta que su silueta se hizo bastante clara… ¡cómo desearía que el día hubiera transcurrido de forma distinta!
¿No les ha ocurrido eso? ¿Sentir, desde sus adentros, que de contar con todas las posibilidades, algo definitivamente sería muy diferente?
En mi caso más reciente, se trató del día en el que cumplí 36 años. Tal vez en el tuyo sea el trabajo que realizas o el puesto en el que estás; tal vez sea ese proyecto que aún no inicias porque nunca es el momento adecuado; o quizás sea el impulso que vienes ocultando de empezar un cambio en tu vida.
No ignores lo que tu corazón, a gritos, intenta comunicarte.
Haz silencio. Cierra los ojos. No esperes a que el tiempo aparezca; constrúyelo, búscalo, persíguelo.
Y esa terminó siendo una de las grandes lecciones que aprendí ese día: el tiempo jamás va a detenerse, pero te corresponde a ti ralentizarlo un poco.




